Otro capítulo sobre los polémicos y turbios negocios del candidato presidencial de la derecha, Sebastián Piñera, salió a la luz pública. Esta vez se trata de la compra de 118 mil hectáreas en Chilo, equivalentes al 15%, a través de una empresa offshore en Panamá, y por tanto, evadiendo los correspondientes impuestos.

Con abusivas connotaciones de escándalo, que por cierto no corresponden, la UDI acusa al Pertido Comunista por la venta de cien inmuebles por la "millonaria" suma de $3.500 millones. Entonces, qué decir de Pablo Longueira, que en poco más de dos meses, gastó $ 1.000 millones en su frustrada y trunca campaña en las primarias presidenciales de 2013, de las que se bajó producto de la depresión. Si eso no es turbia relación entre el dinero y la política, entonces qué será.  

A pesar de que abusa del vicio periodístico de la fuente anónima, la siguiente crónica se hace cargo de lo que el aquiescente sistema mediático omitió de manera sistemática: las graves implicaciones de la última torpeza de Piñera, de reducir el escándalo del "espionaje" al ex presidente de la Sofofa a un lío de faldas, donde no tenía nada que ganar: si sabe algo, no dijo toda la verdad; y si no sabía, tuvo haber mantenido cerrado el pico.

Producto de su incontinencia verbal, y víctima del síndrome de la polilla, que no puede resistir las luces de la televisión, Sebastián Piñera aseguró, sin pruebas, que el "espionaje", denunciado con pompa y circunstancia por el presidente de la Sofofa, tiene origen en una teleserie de relaciones de pareja. Más allá de que tuvo que desdecirse de inmediato, su aseveración chacreó aún más al bullado escándalo, que antes de la declaración de Piñera, ya venía haciendo agua por los cuatro costados, y también por el fondo.

Un informe de la PDI, que analizó 75.987 correos electrónicos y 129 carpetas de documentos incautados a la Asociación de Industriales Pesqueros, ASIPES, entrega contundentes pruebas de las presiones y cabildeos de los poderosos empresarios pesqueros sobre diputados y senadores, especialmente de la UDI, empezando por la entonces Presidente de la Comisión de Prensa del Senado, Jacqueline van Risselberghe, mientras se tramitaba la fatídica Ley Longueira.

Al ser consultado por la revista América Economía sobre las declaraciones de Piñera, de que Chile en diez años podría ser como Grecia o Portugal, aludiendo a su calidad de países desarrollados en cuanto a ingreso per cápita, el afamado astrónomo chileno, José Maza contestó: "no me explico cómo alguien que fue presidente puede ser tan bruto”.

Después de Piñera, el segundo car'eraja más grade de Chile es Sergio Gordon Cañas, administrador de la Caja de Ahorros de Empleados Públicos. El fresco de siete suelas  se autoasignó una indemnización de $ 3.500 millones y un sueldo de $ 60 millones mensuales. Por si el apellido le suena, es primo de Huberto Gordon Rubio, ex Director de la CNI, y de Eduardo Gordon Cañas, ex subdirector de Carabineros en la primera etapa de la dictadura, y ex Comandante en Jefe de la Asociación Central de Fútbol, cargo desde el cual casi quebró al fútbol chileno.  

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