Marx recupera interés. Su clarificación del funcionamiento del capitalismo contrasta con las simplificaciones neoclásicas y las ingenuidades heterodoxas. Indicó la lógica de la plusvalía que subyace en la agresión neoliberal y el tipo de superexplotación que prevalece en el trabajo precario. Esclareció el origen de la desigualdad y el sentido actual del beneficio.

David Harvey me ha concedido el gran honor de reseñar mi libro Marx’s Inferno: The Political Theory of Capital. Su amplia respuesta destaca una serie de discrepancias bastante importantes no sólo para el estudio académico de Marx, sino también para la izquierda política.

La burocracia debe constituir un problema central para cualquier abordaje del estado. En cuanto pretendemos ir más allá del estado en su figura más abstracta, como forma política del capital, y avanzar en el estudio de su génesis histórica o en el análisis de formas de estado o de estados concretos, el estado se nos presenta como aparato burocráticamente estructurado.

Visto el reciente apoyo por parte de la confederación sindical AFL-CIO al oleoducto de Dakota (Dakota Access Pipeline, DAPL), parece lícito pensar que estamos asistiendo a un nuevo episodio de la confrontación entre los derechos indígenas por un lado y los activistas sindicales de izquierda por otro.

Hace 80 años, un 27 de abril en Roma, murió Antonio Gramsci. Seis días antes había adquirido la libertad, o lo que significaba eso en la Italia de Mussolini. Gramsci moría lejos de la política.

"La economía global se explica mejor a través de las categorías y análisis de Marx que de cualquier otra forma, básicamente por la existencia de la lucha de clases y la desigualdad en la distribución de la renta y la riqueza, mal que les pese a muchos tertulianos liberaloides. Sin embargo, desde la economía mainstream se sigue afirmando que La Tierra es plana...[1].

Albert Camus (1913-1960) y Jean-Paul Sartre (1905-1980), dos franceses cuyas publicaciones los convirtieron en autoridades de la corriente filosófica existencialista, así como en autoridades del pensamiento político de izquierda francés, protagonizaron una irritada confrontación epistolar que el segundo publicó en su revista Temps Modernes.

El planteamiento eminentemente dialéctico del Estado burgués y de sus formas democráticas en Rosa Luxemburgo le permite escapar tanto de los planteamientos social-liberales (¡Berstein!) que niegan su carácter burgués, como de los de un cierto marxismo vulgar que no tiene en cuenta la importancia de la democracia.

Empezaré con una declaración de perplejidad para tratar de justificar una argumentación que tal vez parezca paradójica. En los casi treinta años que llevo aceptando invitaciones para hablar sobre marxismo ésta es la primera vez que me convocan bajo un rótulo tan favorable como “las virtudes del marxismo“.

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